Maitri
May
En una de esas noches en una isla se fueron a cenar a un restaurante y antes de salir, Jason preguntó a Marta,
- ¿Dónde escondes tu dinero para ir al restaurante? -
- En el bolsillo - dijo ella, sin comprender por qué tendría que esconderlo.
- ¡Eres tonta! Vamos a caminar por el bosque y si somos asaltados y robados, van a encontrar tu dinero con mucha facilidad, pero no van a encontrar el mío, porque soy inteligente y lo he escondido dentro de mi calcetín. Jajaja ... y
después, voy a cenar y vas a tener que mirarme mientras como pero tú no podrás comer porque yo no te voy a prestar ni un solo dólar-
- Sí... vale, no me importa. Tú mantén tu miedo a ser robado, que yo no tengo miedo. Mis tripas no dicen que tenga miedo, así es que no lo tengo - dijo Marta, empezando a estar un poco cansada de su inmadurez, porque era sólo un año
más joven que ella pero parecía un adolescente con problemas.

En el camino no fueron asaltados y después de la cena cada uno se pagaba lo suyo como siempre, y Jason se quitó el zapato, después el calcetín, y el dinero no estaba allí. Entonces el otro zapato y el otro calcetín, y tampoco. Y se dio
cuenta de que al caminar, el dinero debió haberse escurrido fuera del calcetín y perdió todo el dinero que trajo con él esa noche.

- Aaahhaaa... - dijo ella - ¿y ahora? ¿Cómo vas a pagar por tu comida? -
- Tú me prestas algo de dinero - él exigió sin ningún tipo de pudor.
- ¿Por qué debería hacer eso? Tú me has dicho antes de salir que "si nos roban, van a encontrar tu dinero con mucha facilidad y yo no te voy a prestar ni un solo dólar" - dijo poniendo una voz estúpida -. Así es que, ¿por qué tengo que
prestarte siquiera un dólar, cuando no ibas a hacer eso por mí? ¿Crees que eso es justo? Se te devuelve lo que has dado –

- Pero tú eres culpable – él todavía no era capaz de aceptar que cometió un error y acusaba a Marta de su mala decisión - ¡deberías haberme dicho que no era un buen lugar para poner mi dinero! -
- Y si yo te hubiera dicho eso, ¿me habrías escuchado y no guardarlo ahí?... así como así - dijo ella, sabiendo que lo que él estaba diciendo no se lo creía ni él mismo.
- Vamos, préstame el dinero, te lo devolveré cuando lleguemos al hostal - dijo metiéndole prisa para que le diese el dinero.
- Te voy a prestar dinero, sólo porque no quiero discusiones, pero tienes que ser consciente de que perdiste tu dinero porque no tenías buenas intenciones de ayudarme en caso de que me robasen. Espero que aprendas esta lección,
que cualquier intención o deseo que tengas hacia los demás, es lo que se te regresa y te golpea –
- No me des lecciones, tengo más experiencia en la vida que tú - dijo con su típica actitud de superioridad.
- Tal vez, pero parece que no has aprendido absolutamente nada - dijo dándole el dinero.

Tomaron un último ferry que los llevó a Israel y fueron a Jerusalén para visitar la tumba de Cristo pero la única cosa especial que Marta sintió en ese lugar, era lo que un hombre tenía detrás de la cremallera de sus pantalones cuando
se acercó demasiado a ella en la cola, pero nada más.

Pero Jason se quedaba casi todos los días en el hotel la mayor parte del tiempo fumando unos dos paquetes de cigarrillos al día.

- ¡Vamos, Jason, vamos a algún lugar! - dijo Marta cansada de estar en la habitación del hostal la mayor parte del tiempo.
- Yo no quiero salir, estoy de vacaciones y quiero tomar un descanso -
- Si no quieres salir y prefieres quedarte en la cama tomando un descanso, ¿por qué no te quedas mejor en tu piso en España o en los EE.UU. y no gastarte el dinero en viajar tan lejos? -
- Porque entonces yo puedo decir a mis amigos que he viajado y he visto el mundo - dijo exhalando el humo del cigarrillo.

- Vale, yo estaba planeando viajar por mi cuenta de todas formas. Estamos viajando juntos porque esa monitora del campamento insistió, pero en realidad no tiene sentido y no sirve de nada que viajemos juntos, así es que voy a hacer
lo mío porque venir a estos países no es algo que una puede hacer cada semana y yo no voy a perder esta oportunidad. Tú quédate en la cama fumando tus cien cigarrillos, que yo voy a vivenciar el mundo - y desde ese momento ella
sólo esperó por las mañanas hasta que ella estaba lista, y si él no lo estaba, ella se marchaba sola sin querer perder más tiempo, porque el tiempo era demasiado valioso como para desperdiciarlo haciendo nada útil.

Pero esos eran países musulmanes y para una mujer sola era arriesgado y además tampoco su aspecto físico era de gran ayuda porque ella era pequeña, no parecía peligrosa y que tenía algo que a muchos hombres les gusta.
Ella era molestada en las calles siendo parada a casi cada paso que caminaba, recibiendo ofertas para ir a tomar té a una tienda o a otros lugares y como ella no tenía a nadie que la acompañase, tuvo que pensar en una manera de
salir de esa situación y no tener que estar empujando todo el tiempo a los hombres que intentaban agarrarla.

Pero Israel no fue tan terrible como lo fue más tarde en Egipto, a donde viajaron desde Israel a Egipto en un autobús nocturno.
Fueron a las pirámides como cientos de turistas todos los días y pasearon con un par de camellos. Jason tenía el libro de guía de viajes y estuvo leyendo acerca de las pirámides cuando de repente, dijo muy emocionado,
- Guau, ¿puedes creerlo? Cuando hicieron las pirámides, no eran como las vemos ahora, la superficie era plana, sin piedras que faltasen y tenían colores –

Marta no pudo responder a eso, estuvo duramente tratando de no reírse y de llamarle algo, pero Jason se dio cuenta de su cara mordiéndose los labios.
- Sí, por supuesto, ahora vas a decirme que lo sabías, ¿verdad? No te creo. Creo que no tienes ni idea porque es algo que no se le dice a todo el mundo y tú sólo quieres presumir –

Ella no quiso discutir, siguió caminando y después de un tiempo Jason quiso regresar al hotel.
- Vamos a quedarnos aquí, he oído que hay un espectáculo de luces por la noche sobre las pirámides - dijo Marta.
- No, vámonos, ya no tengo rollo de fotos en mi cámara, se ha terminado -
- ¿Y? ¿Qué tiene eso que ver con permanecer aquí para ver el show? -
- Porque entonces no puedo tomar fotos y no puedo mostrar a mis amigos que  lo he visto - dijo.
- ¿Me estás diciendo, que viajas por la única razón de tomar fotos para mostrar a tus amigos y no porque te guste disfrutar de ello? - dijo ella, tratando de no decir lo que realmente pensaba de él.
- No importa la razón, la cosa es que no tengo ningún rollo y no puedo tomar fotos. Yo quiero volver al hotel para tomar un descanso -
Se fueron juntos pero porque Marta estaba cansada y no tenía fuerzas para discutir con él. De vuelta en el hotel, ella le dijo que al día siguiente quería ir al Museo Egipcio y Jason dijo que no tenía ningún interés en Museos y que prefería
quedarse en el hotel.

Al día siguiente ella se fue sola al Museo y una media hora antes de que cerraran el museo, se encontró con Jason allí por casualidad.
- ¿Has visto lo que hay aquí? - Jason dijo muy emocionado.
- Por supuesto que he visto lo que hay, llevo aquí todo el día. ¿Desde cuándo estás aquí? No sabía que hubieras decidido venir -
- ¿Por qué no me dijiste antes qué tipo de cosas hay aquí en este museo? Ahora están cerrando y no voy a tener tiempo suficiente para ver realmente muchas cosas -
- Típico tú. Ahora yo soy culpable de que tú no hayas podido ver todas las maravillas que se encuentran en este museo. Creo que va siendo hora de que empieces a aceptar que tú eres responsable de las decisiones que tomas en la
vida y no sólo de las que tienen un resultado positivo, pero de todas ellas. ¿Qué me has dicho que estudias en la universidad? - preguntó Marta.
- Psicología. Pero en cualquier caso podrías haberme dicho que este museo es especial -
- Puedo ver qué tipo de terapias vas a dar a tus pacientes, ya siento pena por ellos. No voy a decir nada de por qué no te lo dije, porque te lo dije y tú dijiste que no estabas interesado en ningún tipo de museo. Disfruta de la tarde, yo me
voy a visitar una última sala que todavía no he visto -

Para el día siguiente, ella se fue a visitar una zona de El Cairo que tenía mezquitas y palacios, mientras que Jason se quedó en el hotel fumando. Si ella quería pedir algunas direcciones, no se lo pedía a ningún hombre porque no le
darían ninguna respuesta, pero le invitarían a un té. Ella preguntaba a las mujeres a sabiendas de que por lo general no hablan nada de inglés, pero son lo suficientemente amables como para entonces pedirle a un hombre que fuese
el traductor. Entonces, con la mujer allí, el hombre no podía molestar a Marta ni pedirle que se fuera con él y ella conseguía la información que necesitaba.
Pero ella aprendió de su experiencia en Israel, que para no tener problemas con los hombres, tiene que aceptar a un hombre como su compañero por ese día y él alejará al resto de los hombres, y al final del día sólo tendría que
deshacerse de un hombre.

- ¿Qué tal tu día? - preguntó Marta a Jason.
- Muy bien, aquí descansando, lo necesitaba después de ir ayer al museo -
- Sí, por supuesto - dijo Marta ocultando su rostro porque se estaba riendo.

- Pero sabes que en la frontera sólo nos dieron un visado de una semana y mañana será una semana y nuestro autobús sale al día siguiente de nuevo para Israel, tenemos que ir mañana a la oficina de inmigración para que nos
pongan un sello en el visado y no tener problemas en la frontera - dijo Jason.
- Vale, pero ¿a qué hora vamos a la oficina de inmigración? Porque me gustaría ir a otro sitio, ya que es nuestro último día aquí -
- Sobre las 12 del mediodía, ya sabes que yo no quiero meterme prisa y levantarme temprano porque estoy de vacaciones - dijo encendiendo un cigarrillo.
- Pero si vamos allí a las 12, más el tiempo para llegar allí, y luego esperar a que nos pongan el sello, entonces todo el día se ha ido y no voy poder ir a otro lugar- dijo Marta, esperando que él dijera que entonces haría el esfuerzo de
levantarse temprano. Pero no lo hizo.
- Entonces vete a donde quieras ir y nos encontramos aquí por la tarde. Recuerda que cierran la oficina a las 7 y si estás aquí alrededor de las 6 todavía podremos llegar a tiempo -

Para el día siguiente ella no tenía ningún plan claro, sólo ir a un pequeño pueblo donde en la guía decía que hacían cosas de cerámica. Ella cogió un autobús local y un joven cuyo inglés era muy pobre estaba sentado junto a ella, pero
se entendían. Él sería su “compañero" del día, que le ayudará a deshacerse del resto de los hombres.

Estando en ese pueblo el joven le dijo a Marta que cerca de su pueblo los arqueólogos habían descubierto recientemente ruinas de pequeñas pirámides que aún no habían sido explotadas turísticamente, pero lo serán en el futuro y le
ofreció ser su guía allí. Como ella no tenía planes, le pareció más interesante que quedarse en el hotel con el infantil Jason y tampoco tuvo ninguna sensación extraña en su estómago, mostrando que podía confiar en ese hombre e ir
con él.

Pero primero él tenía que visitar a su tío en las pirámides de Giza para preguntar algo y al llegar allí dejó a Marta con su tío, y él salió. Este hombre era el encargado del alquiler de camellos en las pirámides. Habló con ella y trató de
conseguir un poco de información personal, como si ella estaba casada o no, y entonces se decidió a preguntar directamente.
- Te ofrezco dos camellos si aceptas a venir conmigo a esa habitación - dijo.
- No, gracias. Vine con Abdul porque él me va a mostrar algo en su aldea. No tengo ningún interés en cualquier otra cosa - dijo manteniendo la distancia con él y con una cara seria, mostrándole que sería mejor que no se acercase -
"sólo dos camellos” – pensó en broma, como si estuviera ofendida – “realmente piensa que yo soy una puta barata. ¡Yo al menos valgo 8 camellos! "- escondiendo su cara porque se estaba riendo.

El dueño de la tienda vio que no tenía ninguna posibilidad, no lo intentó más y salió para llamar a Abdul, entendiendo entonces ella de qué iba todo eso y no es que Abdul tuviese realmente algo que hacer allí, pero aun así no le importó y
seguía sintiéndose protegida.

Se fueron a coger un coche local que las personas toman para ir a los pueblos de los alrededores y que sólo tiene capacidad para cinco personas más el conductor. Ella se sentó detrás en el centro, con Abdul a su derecha, otro
hombre se sentó en su izquierda, otro delante y estaban esperando a otra persona para sentarse también en la parte delantera. Pero muchos hombres se acercaron al coche para ver a la mujer blanca sentada allí.

Se acumuló una multitud de hombres que la miraban con caras lascivas y algunos incluso babeaban sobre los cristales. Hablaban cada vez más fuerte, hasta el punto de gritar, y de repente Abdul gritó algo, bajó rápidamente el cierre de
la puerta para bloquearla, los otros dos hombres también hicieron lo mismo y bajando la cerradura del conductor le gritaron - ¡Vamos! Go! Go! Go! - El conductor apretó el acelerador a fondo casi atropellando a algunos de los hombres,
quienes empezaron a golpear el coche mientras se alejaba.
Marta era consciente de qué estuvo a punto de suceder, pero seguía sin sentir miedo y protegida.

Condujeron una media hora fuera de El Cairo, se bajaron del coche en una aldea muy pequeña en una zona desértica y cuando caminaban por la calle los niños los rodearon y los siguieron gritando cosas felizmente, mientras que las
mujeres hacían un fuerte sonido con la boca, comunicando a todos en el pueblo de que alguien nuevo había llegado.

Entraron en la casa de Abdul y las mujeres que estaban sentadas en la sala principal se marcharon en ese momento, no porque no respetasen a la invitada, sino porque es la tradición de que las mujeres no deben estar en la misma
habitación que los hombres. Un "primo" de Abdul, Salim, vino y entonces las mujeres trajeron algo de comida que colocaron sobre un mantel en el suelo. Ellos tres se sentaron en el suelo pero Marta todavía no conocía las tradiciones
musulmanas al comer y no sabía cómo comportarse. Sólo sabía que no usan papel higiénico, sino que en los baños se limpian con agua usando la mano izquierda. Había un pan plano redondo que todos tenían que cortar con las
manos para utilizarlo como cuchara para tomar el resto de la comida con ello, pero cuando ella vio que estaban cortando el pan con las dos manos, su único pensamiento era si se habrían lavado las manos perfectamente después de
que estar en el baño.
Se dio cuenta de que no podía concentrarse en la conversación porque no hacía más que imaginar bacteria arrastrándose por el pan y decidió dejar de imaginar y disfrutar de la conversación.

Salim trabajaba en algún lugar con turistas y su inglés era bueno y hablaron de cosas personales hasta que llegó el momento cuando Salim dijo que quería casarse con ella.
- No, lo siento, no me interesa, no me voy a casar con nadie. Quiero ser libre y no tener que lidiar con nadie en casa - Marta le dijo a su proposición.
- No te preocupes no te voy a presionar, puedes ser libre pero casada conmigo - insistió.
- Vine aquí con Abdul para ver las pirámides, así es que mejor nos vamos ahora porque se hace tarde -

Salim pidió el burro prestado a su vecino para que ella no tuviera que caminar por el desierto, pero el burro no tenía una silla de montar sino sólo una manta y para Marta era difícil montar y guardar el equilibrio, con lo que al final se bajó
y caminó con los otros dos hombres por el desierto. Durante el camino Salim y Marta siguieron hablando de diferentes temas y Abdul siempre estuvo callado. Tras una hora caminando llegaron al lugar donde estaban las ruinas de las
pequeñas pirámides y Salim trató de explicar lo que ellos pensaban que era la historia de esas pirámides mientras paseaban por el lugar, y después de una hora regresaron de nuevo a la aldea.

Al llegar allí Salim vino otra vez con la idea de casarse con Marta.
- Como ya he dicho, no me voy a casar con nadie y ahora tengo que coger el autobús de regreso a El Cairo - dijo Marta.
- ¿Bus? No hay autobuses aquí - dijo Salim
- Bueno, uno de esos coches que llevan a las personas allí - dijo Marta recordando el tipo de auto con el que llegaron.
- Ahora son las cinco de la noche, el último coche sale a las cuatro y media. Ya no hay más coches - dijo Salim riendo.
- ¿Cómo? - Marta se sorprendió - ¡no puede ser! Tengo que volver a El Cairo. ¿Por qué no me lo dijiste antes de que el último coche se fuese? – dijo ella mirándolos conmocionada.
- Porque entonces te tienes que quedar aquí con nosotros y nos podemos casar - insistió Salim.

- Estoy viajando con un amigo y nos pusimos de acuerdo para reunirnos a las 6 de la tarde para ir juntos a la oficina de inmigración y si no llego a tiempo va a llamar a la policía - dijo ella tratando de amenazarle..
Salim y Abdul soltaron una gran carcajada - No te preocupes - dijo Salim- aquí la policía no hace nada, ellos no van a buscarte -
Se sintió desalentada mientras él comenzó a hacer planes sobre qué hacer a continuación, cómo van a casarse y dónde, y habló durante media hora sobre más planes para el futuro.

Pero ella no se desesperó y pensó que Abdul era de buen corazón. Él siempre estuvo callado porque no sabía hablar mucho inglés y se quedó como un observador de las conversaciones, pero no trabajaba con turistas y su mente aún
no estaba corrompida por las ideas que puedan surgir debido al contacto con los extranjeros y seguía manteniendo su naturaleza.

Ella lo miró como coqueteando con él, mirándole a los ojos y enviándole el mensaje de que ella estaba necesitando su ayuda, le preguntó mentalmente
- "por favor, ¿puedes ayudarme a volver a El Cairo?" -
En ese momento Abdul reaccionó, se puso de pie y le pidió a Salim de una manera seria que saliese de la habitación con él. Salieron y Marta pudo oír una pequeña discusión entre ambos. Después de un par de minutos, hubo un
silencio y salieron de la casa, volviendo tras otros 10 minutos.

- Hemos organizado un coche con un amigo y vamos a llevarte a la entrada de El Cairo. Te dejaremos allí para que cojas un autobús que te llevará hasta el centro de la ciudad - dijo Salim.
Ella no quiso preguntar porque ya estaba contenta.
- Sí, Abdul me hizo ver las desventajas de retenerte aquí y los problemas con los que nos podríamos enfrentar con tu embajada, y tiene razón. Vamos a ayudarte a salir de aquí - Salim dijo un poco triste de no poder conseguir lo que
quería.
Abdul entró con una gran sonrisa, sintiéndose feliz de que se las arregló para convencer a Salim y van a ayudarla. Señaló hacia la puerta indicando que su amigo ya estaba allí con el coche y que debían salir.

Condujeron de regreso a El Cairo y se detuvieron al comienzo de la ciudad. Al llegar, un autobús se acercaba en ese momento e hicieron que se detuviera. Marta estaba tan feliz que no pensó y reaccionó como una típica chica española,
dándoles un par de besos en las mejillas diciéndoles continuamente "gracias" con una gran sonrisa. En el momento en que lo hizo, vio la cara de conmoción de Salim y Abdul, y entonces ella reaccionó - "oh, mierda, ¿qué he hecho? Me
he vuelto a meter yo solita en otro problema "- pensó para sí misma.

Pero sin embargo, de repente los dos jóvenes se metieron en el autobús gritando algo y amenazando a todo el mundo incluido el conductor. Marta vio las caras de los pasajeros todos asustados y miró a Salim.
- No te preocupes - dijo Salim - Les dije que eres nuestra invitada y amiga, y si te molestan o te dan algún problema, les vamos a buscar y a darles más de un problema, porque la gente de nuestro pueblo es bien conocido por dar
problemas. Y también dije al conductor dónde debía decirte que bajases del autobús, una vez en la ciudad. Así es que, no te preocupes, estarás a salvo –
Marta se sintió muy feliz con eso también, su sonrisa no podía ser más grande, y de nuevo repitió varias veces "gracias".

Los pasajeros hicieron espacio, le dijeron que se sentara al lado de otra mujer, nadie la molestó y cuando llegó el momento, el conductor le dijo que esa era su parada y hacia dónde debía caminar. Ella le preguntó cuánto era el billete
con la esperanza de que no fuera mucho porque solamente le quedaba un dólar, pero él hizo una señal de "no, nada" y le pidió que bajara, como si tratara de quitarse un problema de encima.

Buscó el reloj en su mochila y vio que ya eran siete y cuarto de la noche, demasiado tarde para ir a la oficina de inmigración y tendrá problemas en la frontera. Entró en el hotel y se encontró con Jason.
- ¿Dónde estabas? Te dije que estuvieras aquí a las 6 pm - dijo enfadado.
- Lo siento, algo pasó y no pude venir antes, sé que tendré problemas en la frontera -
- No, todavía estamos a tiempo de hacerlo si nos damos prisa para ir allí – dijo Jason, metiéndole prisa para volver abajo.
- Cierran a las siete de la tarde y ahora son las siete y media, no hay manera que lo hagamos a tiempo - dijo ella, deteniéndolo para que dejara de empujarla.
- Porque no viniste a las seis, fui allí solo y cuando me atendieron les dije que alguien más tenía que haber venido pero no vino, y me dijeron que hoy es el día en que en Egipto hacen el cambio horario y los relojes se retrasan una hora y
eso significa que ahora no son las siete y media, sino las seis y media. Así es que tenemos que ir allí ahora -
- ¿Qué? - Marta se echó a reír. No podía creer la gran suerte que estaba teniendo.

Yendo por la calle, le preguntó a Jason,
- ¿Te preocupaste por mí? ¿Has llamado a la policía? -
- De ninguna manera, no me importa lo que te suceda. Mi preocupación era tu madre porque no tenía idea de cómo decirle que te ha pasado algo - dijo seriamente.
- Entiendo que tengas miedo de mi madre, pero... - entonces dejó de hablar porque sabía que no habría manera de hacer que esa persona entendiera algo sobre compasión.

Llegaron a la oficina de inmigración y le dieron el sello que ella necesitaba sólo un minuto antes de que cerraran. Se fue a la cama esa noche con una gran sonrisa y un gran agradecimiento a Abdul y que todo fue tan agradable y tan
perfectamente sincronizado.

Viajaron al día siguiente en autobús de regreso a Israel y tuvieron que coger un taxi hasta el aeropuerto de Tel-Aviv. Ella paró un taxi, preguntó cuánto costaría hasta el aeropuerto y entonces miró a Jason y le preguntó si opinaba que el
precio estaba bien, pero Jason estuvo callado y Marta pidió al conductor que se marchase.

- ¿Qué pasa? ¿Cuánto crees que debería costar? - Marta le preguntó.
- He mirado el dinero que tengo y no me queda nada más que un dólar. No puedo pagar ningún taxi - dijo.
- ¿¡Qué?!. Viniste con casi el triple la cantidad de dinero que yo traía. No has hecho básicamente nada sino permanecer en los hoteles fumando, mientras yo he estado viajando por ahí. ¿Y ahora no te queda nada de dinero? - Marta
estaba casi gritándole - ¿Qué has hecho para perder todo tu dinero? -
- No lo sé - dijo con cara de tonto.

- Quizás ya no bebas alcohol pero fumas como una chimenea. Parecer ser que lo importante para ti es tener un vicio no importa qué y en lugar de disfrutar de esta maravillosa oportunidad que hemos tenido, ¡te has fumado todo tu
dinero! Y debo recordarte algo que me dijiste antes de comenzar el viaje, "si en algún momento te quedas sin dinero... No me pidas ni un solo dólar. Si te quedas atascada en un país porque ya que no tienes más dinero, vete a la
embajada española y pide ayuda allí, porque yo no voy a ayudarte. ¡No tienes ni idea de viajar!”- dijo Marta poniendo enfadada una voz estúpida -¿Quién no tiene ni idea de viajar? TÚ. ¿Y quién no te va a ayudar a salir de este país? YO.
Entonces ahora tendrás que pensar en cómo ir caminando al aeropuerto o cómo te vas a la embajada de Estados Unidos para pedirles dinero -
- Oh, vamos, no seas así, ¡eso no es justo! – dijo él todavía no siendo capaz de decir lo siento o por favor.

- Escucha, yo no soy como tú. He tenido suerte en esta vida de haber nacido con compasión. Deberías estar avergonzado de tener la clase de pensamientos que tienes de no querer ayudar a los demás y tienes que saber que recibes
de regreso lo que das. Tú no das ninguna ayuda, entonces no recibirás ninguna ayuda. Pero sé que estamos dando vueltas con los mismos errores de vida en vida y sé que si ahora no te ayudo, yo también crearé esa situación para mí
en el futuro. Tal vez no estoy haciendo esto por verdadera compasión, sino por no querer entrar en esta situación otra vez, pero estás de suerte porque también puedo ver este momento como el momento en que yo estuve con los
egipcios y ellos me ayudaron, así es que estoy pagando su amabilidad a través de ti –

Jason la miró satisfecho pero todavía no dijo gracias.
- Y yo me sigo preguntando cómo vas a ser capaz de ayudar a la gente como psicólogo, cuando no hay esa actitud en ti, no es parte de tu naturaleza - ella dijo parando otro taxi.
- Porque yo sólo quiero trabajar con los alcohólicos - dijo.
- Aun así es necesario tener una actitud diferente hacia las personas y la vida -

Al llegar a casa de Marta, Jason cogió sus cosas, se fue a Madrid y no se contactaron más.

Algo había cambiado en Marta y se sentía más libre y fuerte. En su escuela universitaria tenían jardines y ella se fue allí para tener su espacio y tiempo para hablar con Mateo.
- Ha sido un gran viaje, Mateo - dijo todavía con la sonrisa desde aquellos días.
- Pero tal vez te arriesgaste un poco. Te metiste en el desierto con dos hombres que no conocías y podrían haberte hecho daño, eso ya lo sabes - dijo Mateo.

Ella se rio – De ninguna manera. A lo largo de mi vida he aprendido a distinguir lo que me dicen mis tripas, o tal vez podrías llamarlo intuición, pero es una sensación que siento en mi estómago o en todo el cuerpo -
- Y entonces ¿qué? - preguntó Mateo.

- Te acuerdas de mi protectora cuando ella me advirtió acerca de los chicos de la moto, ¿verdad? – sabía que Mateo lo recordaba - desde entonces sé que estoy protegida y que ella no va a dejar que nada malo me suceda. En ese
momento ella me habló directamente, pero luego me di cuenta de que ella no siempre me  habla pero me advierte haciéndome sentir como si yo tuviera algo extraño en mi estómago, o me siento nerviosa, o siento algo de miedo de ir a
un determinado lugar o hacer algo. Podría sentir que mis pies son muy pesados cuando camino hacia una dirección determinada. Y todo eso para mí significa un total "no, no vayas allí, no hagas eso, o malas noticias te esperan a tu
llegada allí” -
- ¿Está segura de que ese es el significado de todo eso? - preguntó de nuevo Mateo.

- Sí, como cuando yo era niña y un día volviendo a casa después del colegio tuve una mala sensación y me puse nerviosa. Me di prisa para ir a casa porque eso es lo que sentí de cómo reaccionar a mis sensaciones. Más tarde salió en
las noticias de que en la zona por donde solía caminar de regreso a casa, ETA había matado a un hombre y eso sucedió sólo un par de minutos después de que yo pasase por la zona dándome prisa -
- ¿Y cómo es que sucedió aquello con ese hombre en la casa abandonada? - Preguntó Mateo, un poco burlándose de ella.
- Porque en ese momento todavía yo no sabía distinguir bien. Yo tuve la sensación, algo tiraba de mí para que no lo ayudase pero no presté atención. Y creo que es muy importante escuchar a nuestra intuición en vez de escuchar las
dulces palabras de la gente, ¿verdad? –

Mateo se rio - Me alegra oír eso porque parece que tu confianza en ti misma se ha fortalecido. Por supuesto que sé por qué fuiste allí con esos hombres sin ningún temor, yo sólo quería asegurarme de que tú sabías por qué. Y sí, si
aprendes a sentir tus entrañas, a escuchar a tu intuición, es mejor seguirlo que escuchar lo que otra gente te dice, porque es tu intuición, tu ser superior, Dios, quien es muy sabio y sabe lo que es mejor para ti, independientemente de
lo que otros piensen que es lo mejor. Tú eres tu mejor consejera porque te conoces mejor que nadie, desde que naciste e incluso antes. Tu subconsciente sabe todo, aunque tú no lo recuerdes –

Marta miró al cielo y sintió de nuevo como si ella fuera una con él.
- Siempre... sigue tus sentimientos, escucha a tu intuición. Todo el mundo tiene intuición, pero no todos la escuchan porque creen que es "sólo un pensamiento". Sí Marta, estás protegida... por tu intuición - oyó a Mateo diciendo todavía
desde lejos.
Capítulo veintiséis
Egipto
Hacia el final de su trabajo, pensó que le encantaría volver a viajar como lo hizo el año anterior con Parker, pero esta vez quería ir sola o con alguien que no pensase en sí mismo como
el único que tiene el derecho a decidir y se lo contó a una compañera española.
- Estoy pensando en tal vez ir hacia Israel o Egipto, algo que sea un poco aventurado –

- Eso suena muy bien. ¿Por qué no vas con Jason?, él también está planeando ir en esa dirección y tal vez os podéis ayudar el uno al otro porque esa zona es un poco peligrosa y que
sería mejor si dos personas van juntas, ¿no crees? - dijo una compañera, otra monitora.
- Humm, no sé, no le encuentro una persona muy interesante sino más bien un poco aburrido e infantil. No tengo la sensación de que me vaya a ser de gran ayuda - dijo Marta.
- Tal vez, pero al menos si algo le sucede a uno de vosotros, el otro puede buscar ayuda-
Ella no quería viajar con otro hombre, ya fue suficiente con la experiencia del año anterior pero su compañera le contó a Jason de los planes de Marta y él habló con ella y dijo que
podría ser una buena idea y al final acordaron en viajar juntos.

Al igual que Parker, él pasó un par de días en casa de Marta antes de partir. Jason era un chico americano de Nuevo México que llevaba dos años viviendo en España y después de
este viaje volvería a los EE.UU. para continuar con sus estudios en la universidad. Él había sido un alcohólico pero acudió a AA y ya no bebía más.

Antes de salir, Jason preguntó a Marta cuánto dinero iba a traer con ella en el viaje.
- 40.000 pesetas después de comprar el billete a Atenas - dijo. Eso eran alrededor de 250 €.
- ¿Qué? ¿Sólo? ¿Para un mes, viajando por varios países, teniendo que comprar más billetes de avión, además de dormir, comer ... ¿estás loca? - gritó Jason.
- No puedo gastar más dinero. Tengo que pagar los estudios de mi próximo año en la universidad –

- Escucha, me llevo mucho más dinero que tú, casi tres veces esa cantidad. Y si en algún momento te quedas sin dinero... No me pidas ni un solo dólar. Si te quedas atascada en un
país porque ya no tienes más dinero, ve a la Embajada Española y pide ayuda allí, porque yo no voy a ayudarte... puff... ¡no tienes ni idea de viajar! –

- Está bien, no te preocupes por mí. Sé que esto es lo que quiero hacer y puede que yo no tenga suficiente dinero, pero "alguien" proveerá por mí - ella se rio y Jason la miró como si
ella fuera realmente estúpida - me lo han dicho y yo lo creo firmemente, ni tengo miedo ni me preocupa, tú eres el que tiene miedo - se rio.
- Sí, sí... te ríes ahora... vamos a ver cuando llegue el momento quién te va a ayudar... el "cualquiera" que te dijo que te proveerá con lo que sea, quizás te ayude en ese momento, pero
yo no, eso está claro - dijo dándose la vuelta y no queriendo saber nada más sobre ese tema.

Tomaron un vuelo a Grecia y uno de los primeros lugares a los que fueron fue al Partenón, y mientras estaban allí, Jason miró a su alrededor y molesto preguntó,
- ¿Es que no hay nadie aquí para explicarnos lo que son estas piedras? - E igual que una piedra se quedó Marta, petrificada con esa pregunta. Ella no sabía cómo era posible que
alguien, que estaba estudiando en la universidad, que debería tener un mínimo de conocimientos culturales, no sabía qué "piedras" eran aquellas en el Partenón y empezó a saber
con qué tipo de persona estaba viajando.

Se fueron en transbordadores a diferentes islas de Grecia, pero ella se dio cuenta de que Jason era muy lento por las mañanas y le llevaba un siglo salir de la cama y empezar a
moverse. Se pasaba unos cinco minutos cada mañana mirándose en el espejo y midiendo su pelo con la mano estirándolo por su espalda, y cada mañana haría la misma pregunta a
Marta.
- ¿Qué piensas? ¿Crees que está más largo ahora? - decía tirando de su pelo largo y rizado por la espalda.

La primera vez que hizo esa pregunta ella no supo qué responder porque no creía que se trataba de una pregunta en serio, pero después de varios días con lo mismo, ella comprendió
que él tenía un pequeño problema con su ego y ella decidió alimentarlo.
- Sí, creo que sí. Vamos, puedo ver que ayer era más corto, pero hoy se ve muy largo - respondió ella desde ese momento todos los días a la misma pregunta tratando de no reírse,
pero todavía con una sonrisa hipócrita.
- ¿En serio? ¿De verdad lo crees? - El diría todos los días creyendo las palabras de Marta y no entendiendo que ella estaba jugando con su ego.
Incondicional